Derrumbe

Este texto fue producido para una muestra de Juan Sorrentino, presentada del 21 de octubre al 17 de noviembre de 2016 en Acéfala Galería.

Sobre Derrumbe

Fue una exposición individual de Juan Sorrentino con la curaduría de Merlina Rañi y Cristian Espinoza, que implicó una residencia de 6 semanas del artista en la galería, en la cuál se fueron produciendo experimentos que dieron por resultado dos instalaciones: la construcción de un muro sonoro (Derrumbe) y su devenir en polvo (Polvareda).

Ejercicio curatorial

Texto de exposición

Dos muros, tejidos por alambre, propagan la resonancia en un doble fondo de superficie y profundidad matérica. Éstos, ahora tejidos en unidad, constituyen un relato, que como un borde polariza lo visible, divide lo que es posible contar de lo que no.

Su origen está en la materialización de una reflexión interna durante el proceso artístico, en el que Sorrentino se somete a la exigencia de la materia y su resistencia, en un gesto monolítico y escultórico que se sucede en instancias: la superficie plástica, la materia cruda, el sonido como acción telúrica.

Ahora un frente mudo oculta lo que por desconocido se presenta monstruoso, la transformación gradual que nos habita, en constante comunicación con el inconsciente. Bajo varias capas de superficie un sismo plástico actúa sobre la materia, quizás atente contra ella y llegue a la desintegración, conquistando finalmente la fluidez del medio. Por otro lado, la posibilidad de que el muro no exista o deje de existir, un espacio mental donde esta limitación no tiene lugar, donde se presenta como acción imaginaria: nunca hubo un territorio definido, el muro es una ilusión o esquizofrenia que se concreta. Donde el muro es polvo, no forma ni limita y los signos flotan.

ZERO. Laboratorio Site Specific

ZERO. Laboratorio Site Specific
Dayana Santiago
Curaduría Merlina Rañi
Inauguración sábado 12 de agosto de 19 a 21 hs
HILO Galería, Buenos Aires – Argentina
Av. Scalabrini Ortiz 1396. CABA

ZERO. Laboratorio Site Specific, fue proyecto sonoro estético de Dayana Santiago. Se trató de un experimento en vivo, dividido en tres sesiones a modo de concierto/ happening, en el que se trabajó sobre la colisión entre el fenómeno sonoro y la arquitectura.


En cada encuentro la instalación era activada por un grupo de músicos que trabajaron, bajo la modalidad de la improvisación, sobre distintos conceptos: 1- Cuencos de la locura corriente, 2- El capital, 3- Qué es una raya más para el tigre. A su vez había un trabajo de registro y transmisión en vivo ya que la capacidad era limitada.

Los textos que acompañaron la muestra fueron producidos durante las performances, sin una edición posterior.



Músicos
Rosangela Perez (Violín) / Adso Piñerua (Batería) / Facundo Monsegur (Saxofón)


Sonidistas
Jonathan Ortiz / Andrés Augusto

Montajista
Diego Echeverria

Diseñadora Gráfica
Luthiem Escalona

Fotografía y registro
Daniela Boersner

Registro GoPro

TEXTOS

SESIÓN #1

Cuencos de la locura corriente

¿Por qué estamos acá?

El contacto de la base (que sostiene la construcción) con el aire. Todo es un esbozo de lo que puede ser.

La base y el ritmo, todo sobre lo cual es posible construir, presenta un comportamiento errático, sin embargo prevalece la armonía.

El lugar responde con permiso. Se abre a la experiencia, profundiza su dimensión. El movimiento es danzante, dibuja un trayecto, esboza sus posibilidades.

La nada, todo es posible.

El aullido agudo demuestra que nada termina donde parece, sugiere el infinito y también le da un lugar a la muerte.

Los finales también forman parte del infinito, solo no es posible que estos tengan una forma, se presentan en su calidad de fantasmas. Son muchos y no uno solo, inclusive conceptualmente, todos tenemos acceso a múltiples finales, así como también podemos apoderarnos de distintas formas.

El aspecto firme de esta sala se pone en duda cuando se ejecuta el sonido de los cuencos. Su claro vaivén propone la posibilidad de estar flotando, acá nada está quieto, todo se mueve en espiral hacia su misterioso destino.

Alguien pisa para probar el piso, la pregunta es si éste realmente existe y si va a sostener por siempre todo lo que queremos construir, todo lo que se esboza.

Al final esto es como un barco, existe cierta idea de libertad pero en verdad todos estamos a merced de su trayectoria, hasta que llegue a algún puerto.

Los pies desnudos son un símbolo a interpretar, ¿qué significan?

Hay una conexión cárnica con la dimensión que el esbozo propone, pero es sutil, en cambio la conexión con algo más, con esa idea que pone en órbita a todos los factores involucrados es verdaderamente tangible. Un fenómeno de carácter espiritual habita la sala y se vuelve mucho más real que todas las demás partes que lo involucran.

Invocación, ritual de la abstracción, odisea estético-matemática. Entre ellos nacen figuras geométricas que están en constante cambio, su forma estática se mide en duraciones ínfimas. Pero este hecho no se limita a un trayecto visual, también sucede en la dimensión sonora, en la temporal, en la emocional.

Ph. Daniela Boersner

SESIÓN #2

EL CAPITAL

De por qué estamos acá a la optimización de recursos.

¿Qué es el capital? Es el sentido en su estado maniobrable, el sentido tiene que ser manipulado por nuestra intención, los recursos deben ser forjados por ésta para informar al mundo.

El capital es una forma, o más bien el sentido se forja como herramienta para poder informar al mundo.

Rimbombante. El sonido del capital es triunfal y marchante. La tríada marca un ritmo que se encadena, o más bien se trenza para proseguir y alimentar su avance.

El capital es productivo, masculino, se impone ante la adversidad, es claro. Los cuerpos sucumben sin dudar a su propuesta, pues es eficaz y matérico.

Todo camino precisa también sus matices, el reposo es parte de la información necesaria para seguir marchando.

Un poco de azar condimenta la suerte de esta empresa.

La contemplación dialoga desde su total diferencia con el capital y lo hace ser.

¿De qué se trata esta entrega primitiva al acontecer?

¿Quién gobierna estos cuerpos para que funcionen dentro del sistema y quién ordena este sistema?

Quizás no importa ahora, lo importante es que la respuesta a estas preguntas es una especie de armonía, producto de cada una de las relaciones que se dan en este momento, más o menos espontáneas.

La trenza, el círculo y el andar incesante, componen todo lo que vemos y escuchamos, la abstracción es el sentimiento fundante, pero a este devienen respuestas, que responden a una pregunta abstracta, una pregunta jamás formulada.

Ahora el camino es inverso, a partir de las respuestas adivino las preguntas que quiero hacer en una suerte de heurística.

En esta instancia del capital todo está tan lleno, no hay vacíos ni ceros, el capital se contradice con el origen.

La sección transversal y vertical ha cedido completamente a las relaciones horizontales, no hay arriba o abajo en este momento, no tierra ni cielo, no mundano ni divino, todo es lo que podemos llevar y traer en la dimensión del plano horizontal.

El saxo se queja en éxtasis porque adquirido un cuerpo comprende lo que es el sufrimiento.

La batería lucha desde la acción incesante contra la tempestad.

El violín agoniza y se vuelve anónimo, su delicadeza no resiste, su voz no se proyecta en la fartuosidad y el exceso del capital, pues su lógica es completamente opuesta a esta propuesta.

A su vez esta es acaso la voz femenina, contraria a la lógica del capital.

Finalmente seduce a los otros a callar y reina en su sutileza, que logra imponer a los masculinos del capital.

El ritmo se vuelve así citadino, una mezcla entre la oscuridad de la noche y el arduo labor del día, siempre al ritmo del trabajo.

Una y la otra se solapan, la noche antecede y sucede al día. Hoy se cruzan en eclipse.

Están los que aguardan y reciben los impulsos. Quizás estén interpretándolos dentro de sus pensamientos.

Están los que responden rápidamente con el cuerpo y se sacuden sin interpretar los estímulos con la razón, volcándolos directamente a su cuerpo.

Tres secuencias distintas discuten y deciden. Se disputan la cantidad y duración de sus discursos, pero cuando cesan de nuevo se encuentran con el vaivén aleatorio de los cuencos.

El tresillo frenético llama de nuevo a todos a la marcha, los informa de que aún no hay destino y el camino continúa. El silencio es el único y verdadero destino. El silencio siempre persevera. Ya callarán todas y cada una de las voces que intentan una y otra vez formular las mejores preguntas, las más precisas y certeras preguntas.

Una mujer opera la máquina niño para que produzca desde ahora, cuanto antes ese sonido que la salvará del silencio, su única forma de permanecer en este mundo. Los programados, programan. Esta máquina se alimenta sola, la única forma de detenerla es acabar con su alimento.

Algunos conversan, hasta ahora nadie había intercambiado información verbal.

Yo estoy escondida de bajo de una estructura observando, camuflada mi acción es describir lo que veo, pero no intercedo, trato de desaparecer para los otros, mientras desgloso su dinámica.

Concentrada en mi hoja de papel pretendo interpretar un suceso del que me mantengo ajena. Los oídos, siempre, y a veces los ojos son mi única conexión, y a cada línea aflojo el pulso, lo relajo.

El círculo de seducción visual y sonoro es ejecutado y todos comienzan a introducirse en él, hasta que el agotamiento los expulsa.

Hay centros propuestos desde el gesto escultórico, reúnen a las peronas, como lo hacen quizás las ciudades y a su vez dentro de ellas, los parques. El éxodo que se vuelca a lo interno, en vez de a lo externo.

Me siento agotada.

Solo expresar lo suficiente para querer parar. ¿Qué estarán sintiendo los músicos? Qué estarán sintiendo las personas?

Es posible también encontrar esa respuesta en el sonido de los cuencos, que reflejan la motivación y desmotivación del espíritu general.

Facu enuncia algo que lo interpeló de un momento a otro.

Rosa responde tratando de entonar su sintonía.

Y la gente ante lo que es menos abstracto queda perpleja, descolocada. Es acaso la voz un acto afortunado en la lógica del capital?

El capital se agota, lo siento. Hay una cantidad finita de sentido en nuestro interior, para dar y para informar. Cuando se agota nos perdemos por un rato, hasta cargarnos de sentido nuevamente.

Al decirlo, levanto la vista y veo a Adso acostado en el piso, completamente agotado. Nuestro pilar se ha desmoronado.

Ph. Daniela Boersner

REGISTROS EN VIDEO STREAMING

La invención de la libertad

Este texto fue producido especialmente para funcionar como texto de sala de la exposición La invención de la libertad de Maximiliano Bellmann, Cristian Martínez y Cristian Espinoza, presentada durante diciembre de 2015, enero y febrero de 2016 en el espacio contemporáneo de Fundación PROA.

Ver ejercicio curatorial

La invención de la libertad

Los muros establecen un límite en el territorio, los ojos y oídos solo perciben un rango acotado del espectro electromagnético; todo eso que queda después de los muros junto con lo que no percibimos, forma en niveles y planos nuestro contexto. Durante un recorrido que busca en el interior del edificio, lo exterior como actitud sensible, tres obras ofrecen nuevas lecturas del entorno, una relación dialógica entre exterior e interior, entre percepción directa y los fenómenos más allá de nuestros sentidos.

En Ruido de fondo de Cristian Espinoza, una nube de antenas suspendidas en un sistema de tensegridad recibe señales sonoras del exterior inmediato y mediado por un mezclador, retransmite señales en distintas frecuencias desde el UHF al VHF. Las ondas que llenan todo el contexto, son radiaciones invisibles que componen una capa de este territorio, y dan cuenta de la naturaleza de enjambre de acumulación industrial, mecánica, eléctrica y de ondas.

Orquestación de frecuencias de Maximiliano Bellmann repite el ciclo del día en reflejo al paisaje pero cada vez proponiendo una transformación en la escala cromática que se traduce también en el sonido ambiente, modificado en una frecuencia “análoga” al color. Esta orquestación entre color y sonido, transita el espectro visible y propone de esa forma, versiones imaginarias del entorno. Al tergiversar surge esta composición audiovisual que conecta a la luz y el sonido mediante la duración,  el tiempo.

Instrumentos de Cristian Ariel Martínez ofrece una lectura a una realidad que se instala como única posibilidad. Nuestra visualización del mundo es una noción sujeta a las características del aparato de percepción visual; dentro de las frecuencias que podemos captar, estos visores funcionan como herramientas para desglosar, descomponer, deformar, reordenar el espectro en busca de alternativas regulables por el sujeto observador.

Todo límite sugiere posibilidades, que parten de una libertad que solo existe desde que el individuo la invente o genere para desarticular lo preestablecido, y resistir de este modo a la normalización. Cada obra funciona como un dispositivo para actualizar la percepción, el vínculo con la obra y el vínculo con el entorno.

La Invención de la Libertad

Maximiliano Bellman, Cristian Espinoza y Cristian Martínez
Curaduría: Merlina Rañi
Cordinador de Espacio Contemporáneo: Santiago Bengolea
Auspició: Tenaris – Organización Techint
Inauguración sábado 12 de diciembre de 2015
Fundación PROA, Buenos Aires – Argentina

Esta muestra que se presentó del 12 de diciembre de 2015 al 28 de febrero de 2016, surgió a partir de una iniciativa del espacio contemporáneo de Fundación PROA, coordinado por Santiago Bengolea. La propuesta fue seleccionada dentro de una convocatoria nacional a jóvenes curadores.

Bajo los lineamientos de la convocatoria (generar una propuesta site specific que se desarrolle en cualquier parte del edificio exceptuando las salas de exhibición) presentamos junto a Cristian Espinoza, Maximiliano Bellmann y Cristian Martínez, La invención de la Libertad.

Se desarrollaron tres obras especialmente para la propuesta que componía un recorrido hacia el interior del edificio, presentando constantemente lo exterior inmediato como actitud sensible, hasta alcanzar como remate del interior, la máxima exterioridad.

Las tres obras que conformaron el recorrido tenían como rasgo característico la particularidad de ofrecer nuevos puntos de percepción sobre el exterior, herramientas para observar y obtener información del contexto amplificada, es decir, más allá de lo que podríamos obtener de nuestros sentidos directos.

Texto de exposición

Los muros establecen un límite en el territorio, los ojos y oídos solo perciben un rango acotado del espectro electromagnético; todo eso que queda después de los muros junto con lo que no percibimos, forma en niveles y planos nuestro contexto. Durante un recorrido que busca en el interior del edificio, lo exterior como actitud sensible, tres obras ofrecen nuevas lecturas del entorno, una relación dialógica entre exterior e interior, entre percepción directa y los fenómenos más allá de nuestros sentidos. (… seguir leyendo)

La experiencia de La invención de la libertad a nivel ejercicio curatorial fue muy particular y a la vez muy edificante. Por un lado, esta convocatoria se realizó por única vez y no tenía precedentes, sin embargo el espacio contemporáneo de PROA funcionó por muchos años, y tenía una linea editorial clara.

Pensar un proyecto Site Specific para un ambiente con tránsito y vida, que no estaba inicialmente previsto para la exhibición de obras y que a su vez, se instalaba en un museo de arte contemporáneo implicaba un desafío. Porque no se trataba solo de ocupar sus paredes y espacios disponibles, sino de convivir y dialogar con sus discursos y con su arquitectura.

El primer ejercicio consistió en hacer una serie de visitas al espacio, transitarlo y dejarnos atravesar por lo que el ambiente nos sugería. Sin duda el edificio se veía como una irrupción impoluta en un ambiente industrial y portuario, pero este no era el único vínculo que existía entre ese espacio de circulación de arte contemporáneo y su contexto, un barrio histórico donde converge lo cultural y lo industrial.

Después de recorrer varias veces los espacios posibles, encontramos una lógica en su recorrido en la que se destacaba la intención de establecer un vínculo constante con el exterior, una relación dialógica entre máximo interior y máximo exterior, en el que lo exterior se presentaba continuamente como actitud sensible, mientras que su interior como el receptor de esta potencia, un sistema donde disponer sus símbolos para proyectar su potencial.

Con estas percepciones en mente y la experiencia de cada uno en sus disciplinas, los artistas desarrollaron tres obras que a su vez eran dispositivos de observación del entorno. Con la premisa de expandir la experiencia que ya estaba resuelta en la arquitectura del espacio, inventando formas de acceder a ese máximo exterior en otras lógicas, de percibir y percibirnos en el espacio de una forma que desarticule lo preestablecido; con otros ojos, otros oídos, otros aparatos perceptivos que den relieve al orden industrial y mutante de la zona.

La propuesta consistió en disponer estas tres obras en el recorrido detectado, comenzando por Ruido de fondo de Cristian Espinoza, dispuesta en el foyer, espacio de circulación entre el auditorio, la librería y las escaleras.

Ruido de fondo de Cristian Espinoza

“Una nube de antenas, un abigarramiento de paramentos suspendidos por un sistema de tensegridad. Cada paramento recibe una señal sonora de este exterior inmediato y mediado por un mezclador, retransmite señales en distintas frecuencias desde el UHF al VHF; las frecuencias de un radiotaxi, de barcos o de radioaficionados, quizás de las radios FM, pueden ser captadas por las antenas de la obra, pero sobre todo las distintas calidades de ruidos: ruidos blancos, rosas, violetas, marrones y grises. Estos ruidos son esculpidos por la mezcladora de señales y volumen, también por la interferencia de los cuerpos en tránsito con su natural estática, y por los aparatos de radiofrecuencia con los que porten. Las ondas que llenan todo el contexto al que se abalcona PROA, son radiaciones invisibles que componen una capa de este territorio, y dan cuenta de la naturaleza de enjambre de acumulación industrial, mecánica, eléctrica y de ondas, que se manifiestan para nosotros.” Cita de Cristian Espinoza

Subiendo las escaleras nos encontrábamos con la segunda obra, Orquestación de frecuencias de Maximiliano Bellmann, dispuesta en una de las paredes de concreto donde anida el ascensor, un espacio tranquilo con posibilidad de contemplación, de espaldas al objetivo final del recorrido: la terraza.

Orquestación de frecuencias de Maximiliano Bellmann

El ciclo del día se repetía en reflejo a la vista de la ventana, pero cada vez proponiendo una transformación en la escala cromática que se traducía también en el sonido ambiente, modificado en una frecuencia “análoga” al color. La orquestación entre color y sonido transitaba distintas frecuencias de onda basadas en el espectro visible y proponía, de esa forma, versiones imaginarias del entorno. Al tergiversar lo establecido surgió esta composición audiovisual que funcionó como conexión entre los puntos sensibles de Ruido de fondo e Instrumentos, uniendo la luz y el sonido mediante la duración y el tiempo.

Por último nos encontrábamos con Instrumentos de Cristian Ariel Martínez, un tríptico de visores dispuestos en la terraza. El remate del recorrido, su máxima exterioridad.

Estos Instrumentos de Cristian Martínez ofrecían una lectura a la realidad que se instala como única posibilidad. La obra partía de que nuestra visualización del mundo es una noción sujeta a las características de nuestro aparato de percepción visual, capaz de captar una parte muy reducida del espectro electromagnético. Dentro las frecuencias que podemos captar, estos visores que contenían lupas y polarizadores ajustables, funcionaban como una herramienta para desglosar, descomponer, deformar, reordenar el espectro en busca de nuevos ángulos. Capas, Cónico y Tele estaban inspirados en los instrumentos de observación astronómica anteriores al telescopio, y ofrecían distintas posibilidades de encuadre y foco para redescubrir el lugar o enfocarse en el lenguaje estético propuesto.

La invención de la Libertad fue presentada a la convocatoria nacional, luego preseleccionada en un conjunto de 30 propuestas. Se presentó y defendió ante un jurado de teóricos, fue seleccionada en un conjunto de 4 propuestas y luego con unos ajustes se produjo para fin de ese mismo año. Dentro del ejercicio curatorial esta fue una experiencia muy enriquecedora, donde pudimos escuchar otras soluciones a la misma propuesta, y también ser escuchados, revisados y cuestionados por la forma propia de resolverla.

A partir de este momento entré en una tercera fase del ejercicio que se centró en la relación con la institución. Producir una muestra de arte en un marco de institucionalidad es un trabajo que implica la concatenación de muchas áreas, lo que tiene grandes beneficios y también mucha burocracia. Esta particularidad se tornó, para mí experiencia, una figura dentro del ejercicio curatorial, que tuvo buenas y malas repercusiones en el resultado final, pero que me ayudó a dimensionar y a aprender a desarrollar un trabajo a gran escala.

La aplicación de la muestra resultó como era deseado en un recorrido, y un recorrido que además era inevitable: difícilmente uno visitaría ese edificio sin pasar por esos lugares. Además existió una señalización intencionada. Sin embargo las obras nunca podían apreciarse como conjunto en el espacio sino en el desplazamiento y por ende en el tiempo.