Alpha Centauri

Alpha Centauri fue un espacio de investigación y desarrollo artístico independiente que nació a fines de 2014 como un proyecto personal. Anidado en Espacio Cultural Mi Casa, mantuvo principalmente un formato editorial de galería. Con la particularidad de estar inserto en un ambiente donde funcionaban muchas otras actividades culturales, su carácter era experimental dentro de la práctica artística y curatorial, pero también social.

Durante el 2015 se realizaron once muestras con la participación de artistas nóveles y reconocidos, y de curadores jóvenes, en el que se implementaron gradualmente las ideas iniciales del proyecto: hacer del espacio un centro de práctica y reflexión curatorial; trabajar en pos de la inclusión del arte tecnológico al arte contemporáneo.

En el 2016 el equipo creció y durante ese año fuimos un grupo de cuatro curadores, provenientes de distintas áreas de estudio que nos ocupamos de dirigir la programación y desarrollar actividades en el espacio: Matías Billordo, Enzo Campos Córdoba, Nicolás Frank y Merlina Rañi.

Durante 2017 el espacio funcionó como taller para diferentes artistas, y durante 2018 el espacio volvió a la actividad galerística y experimental bajo la dirección de Nina Kovensky

Alpha Centauri 2014-2015

3 de Iván Enquin

46.99.15 de Rigil Kent

Janus de Isha Kim y Xiao Ban

ErrorDescomposición de Guido Corallo // curaduría Merlina Rañi
El impostor de Juan Miceli

veles de Realidad de Diego Alberti, Maxi Bellmann, Azul De Monte, Nahuel Giuffrida, Tomás Rawski, Nicolás Sobrero y TAXI. // curaduría Merlina Rañi
$1.800.000.000.000 de Jorge Pomar // curaduría Enzo Campos Córdoba

Los límites del soporte de Azul De Monte // curaduría Cristian Reynaga

Emergencia de Alexis Olzanski / curaduría Merlina Rañi

Fortuna de Laura Gorbatt // curaduría Merlina Rañi

Opusmagnum de Franco Vico // curaduría Enzo Campos Córdoba

Alpha centauri 2016
Ojo-pulmón de Lula Mari // curaduría Matías Billordo

Horizonte de sucesos de Santiago Carlomagno // curaduría: Merlina Rañi

Bestiario íntimo de Victoria Baraga // curaduría: Enzo Campos Córdoba

Miles de millones de Diego Alberti // curaduría Merlina Rañi

Picnic junto al camino de Cristian Espinosa // curaduría: Rigil Kent

fracture de motus.lumina // curaduría: Matías Billordo

Ejercicios de interpretación II: Ficción informática

Este texto fue producido en el marco de una muestra de Azul De Monte y Mateo Amaral, presentada en Espacio Pla del 12 de mayo al 2 de julio de 2016.

Sobre la muestra

Ejercicios de interpretación fue una curaduría desarrollada en dos módulos, que reflexionó entorno a conceptos como la teoría de la información y  complejidad, con el objetivo de desentrañar la poética de la pieza digital. Ficción informática, representó el segundo módulo y abordó el trabajo de dos artistas que producen desde la animación y el lenguaje pictórico.

Ejercicio curatorial

Texto de exposición

Ejercicios de interpretación es un trabajo curatorial en dos módulos, que busca indagar caminos y herramientas para abarcar manifestaciones contemporáneas en Arte digital. En el módulo II, se presentan trabajos de Azul De Monte y Mateo Amaral, dos artistas que se vinculan desde una poética establecida en el diálogo entre la composición digital y la pictórica. 

Sus obras digitales se desarrollan mediante softwares de animación, conjuntos de programas que operan bajo una interfaz con el propósito de ofrecer una herramienta intuitiva para la producción digital, diseñados originalmente para simular técnicas plásticas y que a su vez están ligados por tradición, a la construcción de narrativas (cine, video-games, cartoon, etc.). La relación inevitable entre herramienta y poética, genera en estos dos casos, procesos de trabajo en función de ficciones que se nutren de descubrimientos científicos, reflexiones ontológicas y teorías personales, pero que están pautadas por una lógica informática.

Mateo Amaral propone una serie en la que indaga sobre la conciencia de las plantas, para construir desde su propio imaginario algún acercamiento al tema. Su observación parte de la única conciencia que él conoce, la humana, para detectar la diferencia sustancial entre el organismo de su especie y el de las plantas, la fotosíntesis. En la base de este proceso encuentra las claves para su construcción narrativa: los elementos básicos que las plantas consumen y sintetizan, las moléculas de carbono, los azúcares que generan, los fotones que activan su proceso, enmarcan un tipo de metabolismo que él compara con un lenguaje de programación bajo, directo al hardware, más cercano al lenguaje abstracto del universo que el nuestro, libre de filtros conceptuales o racionales.

Mientras Zoom In, nos introduce capa por capa en esta estructura molecular, la serie Vegetal nos acerca a la línea sensible de esta narrativa, y en su conjunto construyen el panorama general de una ficción, situada en la abstracción del silencio y la eternidad universal.

La narrativa en las obras de Azul De Monte, se ubica en los nuevos descubrimientos sobre el modelo de universo y su incidencia sobre nuestra noción de cultura y humanidad. Inspirada en la búsqueda del Bosón de Higgs, una partícula subatómica determinante para la construcción del modelo estándar de física de partículas,  De Monte hace sus propias preguntas, mezclando la información dura con lo que ésta le dispara al nivel de la fantasía: ¿qué es lo que percibiríamos si fuésemos capaces de observar desde un único plano cenital, todo el tiempo colapsado en un mismo punto? 

A partir de esta pregunta y en el lenguaje de sus bases teóricas, surge en las obras la noción del fin material de la cultura humana dada en el seno del colapso, tal vez producto de un orden aleatorio de la física (como propone la teoría del Multiverso) donde lo que realmente permanece es información abstracta,  en la que para encontrarnos deberíamos recurrir a una especie de arqueología de la información.

La serie completa se desarrolla en una estética sintética y pop, de planos y colores vibrantes que oculta la estructura encriptada de información y conocimientos sobre los que trata, con la intención de llegar a conocer ese lugar donde se pierde el borde de la dicotomía, al que los nuevos descubrimientos apuntan.

En una línea que va de lo plástico a lo digital, encontramos que en el lenguaje de la narrativa, prevalece la semántica de los signos que las obras presentan y ésta es una clave fundamental para entender y abarcar su naturaleza.  Sin embargo influenciadas por la lógica digital, por el lenguaje oculto bajo la interfaz, acaban por generar un llamado al código subyacente de su funcionalidad. Es así como la comunicación entre disciplinas que caracteriza a estas obras, formula desde la narrativa misma una lógica que deja entrever el tramado interno que posibilita la ejecución de las herramientas utilizadas, abriendo el juego de su lenguaje a las reglas de una ficción informática.

Derrumbe

Este texto fue producido para una muestra de Juan Sorrentino, presentada del 21 de octubre al 17 de noviembre de 2016 en Acéfala Galería.

Sobre Derrumbe

Fue una exposición individual de Juan Sorrentino con la curaduría de Merlina Rañi y Cristian Espinoza, que implicó una residencia de 6 semanas del artista en la galería, en la cuál se fueron produciendo experimentos que dieron por resultado dos instalaciones: la construcción de un muro sonoro (Derrumbe) y su devenir en polvo (Polvareda).

Ejercicio curatorial

Texto de exposición

Dos muros, tejidos por alambre, propagan la resonancia en un doble fondo de superficie y profundidad matérica. Éstos, ahora tejidos en unidad, constituyen un relato, que como un borde polariza lo visible, divide lo que es posible contar de lo que no.

Su origen está en la materialización de una reflexión interna durante el proceso artístico, en el que Sorrentino se somete a la exigencia de la materia y su resistencia, en un gesto monolítico y escultórico que se sucede en instancias: la superficie plástica, la materia cruda, el sonido como acción telúrica.

Ahora un frente mudo oculta lo que por desconocido se presenta monstruoso, la transformación gradual que nos habita, en constante comunicación con el inconsciente. Bajo varias capas de superficie un sismo plástico actúa sobre la materia, quizás atente contra ella y llegue a la desintegración, conquistando finalmente la fluidez del medio. Por otro lado, la posibilidad de que el muro no exista o deje de existir, un espacio mental donde esta limitación no tiene lugar, donde se presenta como acción imaginaria: nunca hubo un territorio definido, el muro es una ilusión o esquizofrenia que se concreta. Donde el muro es polvo, no forma ni limita y los signos flotan.