Historia de un malentendido

Texto producido para la exposición Historia de un malentendido, una retrospectiva de Eduardo Pla exhibida entre mayo y diciembre del 2017 en Espacio Pla.

Ejercicio curatorial

Texto de exposición

El trabajo de Eduardo Pla puede considerarse dentro del tipo de obra que fue creada para el goce, desarrollada mediante un lenguaje lúdico que hoy podemos decir, fundó su filosofía en lo relativo a la creatividad. Los contextos que atravesó en su carrera quedaron implícitos en su producción y dan cuenta de un relato, aunque el propósito de las obras no haya sido específicamente narrativo.

Un artista que experimentó diferentes medios, siempre vinculados a las nuevas tecnologías, desde los albores de la revolución informática a fines de los años 60, hasta la segunda década del siglo XXI, presenta en su cuerpo de obra muchísimas pistas, a partir de las cuales la historia se manifiesta en varias capas de lectura.

La selección de obras de Historia de un malentendido, está dispuesta en función de algunas de esas capas, pero enfocada precisamente en las filtraciones del contexto a la obra, que influyeron en la historia del arte tecnológico en Argentina.

Uno de los principios en el trabajo de esta muestra es la necesidad de generar una lectura rizomática de la historia. Se cruzan factores locales, que definieron puntos de esa red histórica, pero que evidentemente forman parte de una red mayor que es la geopolítica, y una red menor que es la historia personal. Los cambios en las políticas nacionales, la dictadura militar, los procesos hacia las formas del neoliberalismo y la posterior globalización, son factores que definieron al contexto social-histórico, y que sin duda, se ven reflejados en la obra de Pla.

La revolución informática que dió origen a las herramientas de hoy, planteó cambios radicales en la evolución del capitalismo, desde entonces la producción de arte tecnológico estuvo vinculada y pautada por el ritmo de esa evolución, incorporando muchas veces sus proposiciones afines a un optimismo tecnológico acrítico.

Una de las observaciones más frecuentes al arte tecnológico desde sus comienzos, refiere a su silencio respecto al contexto social y político del que surgen sus manifestaciones, que se interpreta como neutral ante el discurso tecnocrático y por ende a la problemática de la manipulación de la imagen. Esta discusión, que atraviesa de una forma bastante discreta los debates en torno a las problemáticas del arte, sigue teniendo vigencia hoy en día.
A partir de estos temas inconclusos, y un panorama actual de producción de arte tecnológico mucho más amplio, fueron invitados siete artistas de nuevas generaciones a participar con obras que entran en diálogo con la selección de trabajos de Eduardo Pla, y que se irán presentando mes a mes desde julio hasta fin de año: Kevin Kripper, Diego Alberti, Azul De Monte, Sebastián Tedesco, Lolo Armdz, Patricio González Vivo y Manolo Gamboa Naón. A su vez, Guido Corallo fue invitado a seleccionar la sección de piezas gráficas dentro de la curaduría. Toda esta instancia de diálogo y experimentación tiene el fin de generar formas de debate y conversación dentro del mismo ejercicio curatorial.

Ahonda el vacío

Este texto fue producido para una instalación de Iván Enquin, presentada del 23 de Marzo al 6 de Mayo de 2017 en Quimera Galería.

Sobre la instalación

Iván Enquin utilizó la figura y símbolo islámico de la Kaaba, para realizar una instalación de stretch film negro, que era transitable.

Ejercicio curatorial

Texto de exposición

Atravesar con filo tanto al material como al tema, siempre fue el placer y medio de Iván Enquin, una operación estética que empieza en la superficie de la piel, y rápidamente alcanza una profundidad visceral y desconocida.

Desde sus primeros calados, a la obra instalativa con stretch film, pasando por su trabajo con remanentes, el eje se ubica en la negación o fragmentación de la imagen, lo que denota su afán por conectarse con aquello que no muestra lo que pretende ser explícito.

Su composición pone en tensión signos extremos, a primera vista opuestos, y la obra acaba por ser una especie de prueba estética que demuestra lo contrario. El trabajo con patrones islámicos y pornografía, abre una reflexión que puede tomarse de distintos ángulos, pero que sin duda trabaja sobre la manipulación de la figura femenina. 

Con Kaaba se activa un sistema de relaciones que se sustenta en la transposición de un símbolo:  la Kaaba es el centro canónico del mundo islámico, un templo de granito negro al cual dirigen su intención. Traer su imagen, trasponerla, trasvestirla, son algunas de las operaciones que se ponen en escena, así como aludir a la conexión trascendental que distintas culturas establecen a través de lo matérico y objetual  – dígase fetiche, amuleto, templo – .

Opuesta a la producción, la obra busca seducir al sujeto desde una fuerza estética concreta,  para introducirlo en la experiencia de habitar un símbolo que ha sido desplazado geográfica y culturalmente.

Los materiales que la constituyen, proponen los contornos de una fantasía a la que únicamente un cuerpo puede dar vida, su precariedad refuerza el foco en el sistema de relaciones, siendo el objeto un simple servidor de este fin. Así el cubo ofrece una contención para la experiencia, y ésta un misterio que sólo uno puede develarse a sí mismo. 

La invención de la libertad

Este texto fue producido especialmente para funcionar como texto de sala de la exposición La invención de la libertad de Maximiliano Bellmann, Cristian Martínez y Cristian Espinoza, presentada durante diciembre de 2015, enero y febrero de 2016 en el espacio contemporáneo de Fundación PROA.

Ver ejercicio curatorial

La invención de la libertad

Los muros establecen un límite en el territorio, los ojos y oídos solo perciben un rango acotado del espectro electromagnético; todo eso que queda después de los muros junto con lo que no percibimos, forma en niveles y planos nuestro contexto. Durante un recorrido que busca en el interior del edificio, lo exterior como actitud sensible, tres obras ofrecen nuevas lecturas del entorno, una relación dialógica entre exterior e interior, entre percepción directa y los fenómenos más allá de nuestros sentidos.

En Ruido de fondo de Cristian Espinoza, una nube de antenas suspendidas en un sistema de tensegridad recibe señales sonoras del exterior inmediato y mediado por un mezclador, retransmite señales en distintas frecuencias desde el UHF al VHF. Las ondas que llenan todo el contexto, son radiaciones invisibles que componen una capa de este territorio, y dan cuenta de la naturaleza de enjambre de acumulación industrial, mecánica, eléctrica y de ondas.

Orquestación de frecuencias de Maximiliano Bellmann repite el ciclo del día en reflejo al paisaje pero cada vez proponiendo una transformación en la escala cromática que se traduce también en el sonido ambiente, modificado en una frecuencia “análoga” al color. Esta orquestación entre color y sonido, transita el espectro visible y propone de esa forma, versiones imaginarias del entorno. Al tergiversar surge esta composición audiovisual que conecta a la luz y el sonido mediante la duración,  el tiempo.

Instrumentos de Cristian Ariel Martínez ofrece una lectura a una realidad que se instala como única posibilidad. Nuestra visualización del mundo es una noción sujeta a las características del aparato de percepción visual; dentro de las frecuencias que podemos captar, estos visores funcionan como herramientas para desglosar, descomponer, deformar, reordenar el espectro en busca de alternativas regulables por el sujeto observador.

Todo límite sugiere posibilidades, que parten de una libertad que solo existe desde que el individuo la invente o genere para desarticular lo preestablecido, y resistir de este modo a la normalización. Cada obra funciona como un dispositivo para actualizar la percepción, el vínculo con la obra y el vínculo con el entorno.