ZERO. Laboratorio Site Specific

ZERO. Laboratorio Site Specific
Dayana Santiago
Curaduría Merlina Rañi
Inauguración sábado 12 de agosto de 19 a 21 hs
HILO Galería, Buenos Aires – Argentina
Av. Scalabrini Ortiz 1396. CABA

ZERO. Laboratorio Site Specific, fue proyecto sonoro estético de Dayana Santiago. Se trató de un experimento en vivo, dividido en tres sesiones a modo de concierto/ happening, en el que se trabajó sobre la colisión entre el fenómeno sonoro y la arquitectura.


En cada encuentro la instalación era activada por un grupo de músicos que trabajaron, bajo la modalidad de la improvisación, sobre distintos conceptos: 1- Cuencos de la locura corriente, 2- El capital, 3- Qué es una raya más para el tigre. A su vez había un trabajo de registro y transmisión en vivo ya que la capacidad era limitada.

Los textos que acompañaron la muestra fueron producidos durante las performances, sin una edición posterior.



Músicos
Rosangela Perez (Violín) / Adso Piñerua (Batería) / Facundo Monsegur (Saxofón)


Sonidistas
Jonathan Ortiz / Andrés Augusto

Montajista
Diego Echeverria

Diseñadora Gráfica
Luthiem Escalona

Fotografía y registro
Daniela Boersner

Registro GoPro

TEXTOS

SESIÓN #1

Cuencos de la locura corriente

¿Por qué estamos acá?

El contacto de la base (que sostiene la construcción) con el aire. Todo es un esbozo de lo que puede ser.

La base y el ritmo, todo sobre lo cual es posible construir, presenta un comportamiento errático, sin embargo prevalece la armonía.

El lugar responde con permiso. Se abre a la experiencia, profundiza su dimensión. El movimiento es danzante, dibuja un trayecto, esboza sus posibilidades.

La nada, todo es posible.

El aullido agudo demuestra que nada termina donde parece, sugiere el infinito y también le da un lugar a la muerte.

Los finales también forman parte del infinito, solo no es posible que estos tengan una forma, se presentan en su calidad de fantasmas. Son muchos y no uno solo, inclusive conceptualmente, todos tenemos acceso a múltiples finales, así como también podemos apoderarnos de distintas formas.

El aspecto firme de esta sala se pone en duda cuando se ejecuta el sonido de los cuencos. Su claro vaivén propone la posibilidad de estar flotando, acá nada está quieto, todo se mueve en espiral hacia su misterioso destino.

Alguien pisa para probar el piso, la pregunta es si éste realmente existe y si va a sostener por siempre todo lo que queremos construir, todo lo que se esboza.

Al final esto es como un barco, existe cierta idea de libertad pero en verdad todos estamos a merced de su trayectoria, hasta que llegue a algún puerto.

Los pies desnudos son un símbolo a interpretar, ¿qué significan?

Hay una conexión cárnica con la dimensión que el esbozo propone, pero es sutil, en cambio la conexión con algo más, con esa idea que pone en órbita a todos los factores involucrados es verdaderamente tangible. Un fenómeno de carácter espiritual habita la sala y se vuelve mucho más real que todas las demás partes que lo involucran.

Invocación, ritual de la abstracción, odisea estético-matemática. Entre ellos nacen figuras geométricas que están en constante cambio, su forma estática se mide en duraciones ínfimas. Pero este hecho no se limita a un trayecto visual, también sucede en la dimensión sonora, en la temporal, en la emocional.

Ph. Daniela Boersner

SESIÓN #2

EL CAPITAL

De por qué estamos acá a la optimización de recursos.

¿Qué es el capital? Es el sentido en su estado maniobrable, el sentido tiene que ser manipulado por nuestra intención, los recursos deben ser forjados por ésta para informar al mundo.

El capital es una forma, o más bien el sentido se forja como herramienta para poder informar al mundo.

Rimbombante. El sonido del capital es triunfal y marchante. La tríada marca un ritmo que se encadena, o más bien se trenza para proseguir y alimentar su avance.

El capital es productivo, masculino, se impone ante la adversidad, es claro. Los cuerpos sucumben sin dudar a su propuesta, pues es eficaz y matérico.

Todo camino precisa también sus matices, el reposo es parte de la información necesaria para seguir marchando.

Un poco de azar condimenta la suerte de esta empresa.

La contemplación dialoga desde su total diferencia con el capital y lo hace ser.

¿De qué se trata esta entrega primitiva al acontecer?

¿Quién gobierna estos cuerpos para que funcionen dentro del sistema y quién ordena este sistema?

Quizás no importa ahora, lo importante es que la respuesta a estas preguntas es una especie de armonía, producto de cada una de las relaciones que se dan en este momento, más o menos espontáneas.

La trenza, el círculo y el andar incesante, componen todo lo que vemos y escuchamos, la abstracción es el sentimiento fundante, pero a este devienen respuestas, que responden a una pregunta abstracta, una pregunta jamás formulada.

Ahora el camino es inverso, a partir de las respuestas adivino las preguntas que quiero hacer en una suerte de heurística.

En esta instancia del capital todo está tan lleno, no hay vacíos ni ceros, el capital se contradice con el origen.

La sección transversal y vertical ha cedido completamente a las relaciones horizontales, no hay arriba o abajo en este momento, no tierra ni cielo, no mundano ni divino, todo es lo que podemos llevar y traer en la dimensión del plano horizontal.

El saxo se queja en éxtasis porque adquirido un cuerpo comprende lo que es el sufrimiento.

La batería lucha desde la acción incesante contra la tempestad.

El violín agoniza y se vuelve anónimo, su delicadeza no resiste, su voz no se proyecta en la fartuosidad y el exceso del capital, pues su lógica es completamente opuesta a esta propuesta.

A su vez esta es acaso la voz femenina, contraria a la lógica del capital.

Finalmente seduce a los otros a callar y reina en su sutileza, que logra imponer a los masculinos del capital.

El ritmo se vuelve así citadino, una mezcla entre la oscuridad de la noche y el arduo labor del día, siempre al ritmo del trabajo.

Una y la otra se solapan, la noche antecede y sucede al día. Hoy se cruzan en eclipse.

Están los que aguardan y reciben los impulsos. Quizás estén interpretándolos dentro de sus pensamientos.

Están los que responden rápidamente con el cuerpo y se sacuden sin interpretar los estímulos con la razón, volcándolos directamente a su cuerpo.

Tres secuencias distintas discuten y deciden. Se disputan la cantidad y duración de sus discursos, pero cuando cesan de nuevo se encuentran con el vaivén aleatorio de los cuencos.

El tresillo frenético llama de nuevo a todos a la marcha, los informa de que aún no hay destino y el camino continúa. El silencio es el único y verdadero destino. El silencio siempre persevera. Ya callarán todas y cada una de las voces que intentan una y otra vez formular las mejores preguntas, las más precisas y certeras preguntas.

Una mujer opera la máquina niño para que produzca desde ahora, cuanto antes ese sonido que la salvará del silencio, su única forma de permanecer en este mundo. Los programados, programan. Esta máquina se alimenta sola, la única forma de detenerla es acabar con su alimento.

Algunos conversan, hasta ahora nadie había intercambiado información verbal.

Yo estoy escondida de bajo de una estructura observando, camuflada mi acción es describir lo que veo, pero no intercedo, trato de desaparecer para los otros, mientras desgloso su dinámica.

Concentrada en mi hoja de papel pretendo interpretar un suceso del que me mantengo ajena. Los oídos, siempre, y a veces los ojos son mi única conexión, y a cada línea aflojo el pulso, lo relajo.

El círculo de seducción visual y sonoro es ejecutado y todos comienzan a introducirse en él, hasta que el agotamiento los expulsa.

Hay centros propuestos desde el gesto escultórico, reúnen a las peronas, como lo hacen quizás las ciudades y a su vez dentro de ellas, los parques. El éxodo que se vuelca a lo interno, en vez de a lo externo.

Me siento agotada.

Solo expresar lo suficiente para querer parar. ¿Qué estarán sintiendo los músicos? Qué estarán sintiendo las personas?

Es posible también encontrar esa respuesta en el sonido de los cuencos, que reflejan la motivación y desmotivación del espíritu general.

Facu enuncia algo que lo interpeló de un momento a otro.

Rosa responde tratando de entonar su sintonía.

Y la gente ante lo que es menos abstracto queda perpleja, descolocada. Es acaso la voz un acto afortunado en la lógica del capital?

El capital se agota, lo siento. Hay una cantidad finita de sentido en nuestro interior, para dar y para informar. Cuando se agota nos perdemos por un rato, hasta cargarnos de sentido nuevamente.

Al decirlo, levanto la vista y veo a Adso acostado en el piso, completamente agotado. Nuestro pilar se ha desmoronado.

Ph. Daniela Boersner

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